Señor ¿Dónde estás?
No te siento en la tribulación, cuando estoy tentado,
cuando es de noche y se cierran las puertas de la esperanza.
¿Dónde estás, si es que existes,
el día de las desgracias?
Y ¿dónde estabas el día del accidente,
el día de la trampa terrorista,
el día del cáncer, del infarto y de la muerte?
¿Dónde estás en los días del hambre y de la guerra?
En todos los momentos desesperados,
¿dónde estabas?, ¿dónde estás?
Y Dios contesto:
«Yo estoy contigo, con los atribulados.
No estoy para torcer las leyes naturales,
o para fulminar a los opresores.
No estoy para librar del accidente o de la enfermedad,
para dar suerte en las colocaciones o las oposiciones.
Yo sólo estoy para acompañar en la prueba,
para compartir la carga,
para llenar de luz el sufrimiento.
Yo estoy en la mirada compasiva de quien te consuela,
en la mano amiga que ayuda a levantarte,
en la espalda fuerte que ayuda llevar tú cruz,
YO SIEMPRE ESTOY CONTIGO.»
Familia Pavoniana de Cáceres



