Encrucijada

Señor, ¿dónde te encontraremos?
Son tantas y tan confusas las señales
que descubrimos en nuestro camino
que no sentimos abatidos, perdidos, desorientados…

Desde la encrucijada de nuestras vidas,
desde la necesidad de hallar las señales correctas,
abrimos nuestros corazones y alzamos nuestras voces:
¿Dónde te encontraremos, Señor?

En el niño, envuelto en la miseria, en la periferia de la ciudad…
¡Te encontraremos, Señor!

En el emigrante, envuelto en la intolerancia, en los servicios sociales…
¡Te encontraremos, Señor!

En el mendigo, envuelto en la indiferencia, en el parque del barrio…
¡Te encontraremos, Señor!

En el anciano, envuelto en la soledad, en la residencia de la tercera edad…
¡Te encontraremos, Señor!

En el enfermo, envuelto en el dolor, en la cama del hospital…
¡Te encontraremos, Señor!

En el joven, envuelto en el error, en el centro de menores…
¡Te encontraremos, Señor!

En el parado, envuelto en la impotencia, en las oficinas de empleo…
¡Te encontraremos, Señor!

En la mujer, envuelta en miedo, en las dependencias policiales…
¡Te encontraremos, Señor!

En el compañero, envuelto en el abandono, en el recreo del cole…
¡Te encontraremos, Señor!

En la joven, envuelta en el engaño, en el club de alterne…
¡Te encontraremos, Señor!

Y sobre todo, en Dios, envuelto en cada hermano que nos encontraremos cada día, en nuestro barrio, en nuestra ciudad, en nuestro trabajo, en nuestro colegio…
en nuestras vidas…
¡Te encontraremos, Señor!

J. M. de Palazuelo
Familia Pavoniana