Congreso Diocesano

Congreso DiocesanoEl pasado mes de junio, con motivo de la celebración en la ciudad del tradicional Congreso teológico pastoral que clausura el curso diocesano, y ya que parte de él estaba dedicado a los carismas de misericordia, fuimos invitados a participar, como pavonianos y gestores del centro hogar L. Pavoni, y como ejemplo de carisma misericordioso, a compartir con todos los participantes en el mismo nuestra realidad actual, nuestra historia y nuestra vocación hacia el futuro, siempre para los pobres y necesitados.

Aportación que hizo Blanca, como representante de nuestra congregación, en una mesa redonda de la diócesis sobre la misericordia. En julio.Hola, soy Blanca Murillo y pertenezco al Grupo Alborada, de la Familia Pavoniana de Cáceres, de los religiosos pavonianos.Congreso Diocesano

  • El fundador de esta Congregació
    n fue un sacerdote italiano llamado Ludovico Pavoni, el cual dedicó toda su vida a atender y ayudar a muchos jóvenes que habían quedado huérfanos y abandonados a raíz de la guerra y la pobreza en la Italia del siglo XIX.
  • Actualmente, en nuestra ciudad seguimos encontrando personas que se encuentran excluidas y al margen de la sociedad, por no disponer de un trabajo, un hogar y, en muchos casos, una familia o amigos en los que apoyarse. Son personas “invisibles” para nuestra sociedad, ya que a menudo son ignorados o ninguneados por la mayoría de personas con las que se encuentran.
  • Ante esta problemática, y siguiendo el ejemplo de nuestro padre fundador P. Ludovico Pavoni, los religiosos pavonianos que se encuentran en Cáceres, acompañados de un grupo de voluntarios de la Familia Pavoniana, decidimos hace ya varios años, abrir el Centro Hogar P. Ludovico Pavoni 3 tardes a la semana, para ofrecer a estas personas sin hogar un espacio de acogida, escucha y acompañamiento, además de un café y algún dulce. Son momentos en los que intentamos crear un ambiente de confianza y cariño, para que ellos se sientan respetados, acogidos y, lo más importante, queridos. También intentamos aconsejarles y orientarles, en la medida de nuestras posibilidades, en los diferentes recursos sociales o económicos a los que pueden acudir en nuestra ciudad.
  • Igualmente les visitamos con mucha frecuencia en el Parque de Cánovas o en algún otro lugar de la ciudad donde ellos suelen reunirse. Nos interesamos por sus problemas, y a menudo compartimos con ellos un desayuno o un paseo, ofreciéndonos para acompañarles en algunas gestiones médicas, administrativas o judiciales, prestándoles nuestro apoyo y colaboración.
  • Sabemos que, a nivel práctico y real, en la mayoría de los casos, no podremos lograr que finalmente consigan salir de esa situación tan precaria y marginal en la que se encuentran. Sin embargo, para muchos de ellos, el haber encontrado en nosotros una mano amiga donde refugiarse de la soledad y marginación, les ha cambiado sus vidas para siempre y es ahí donde se refleja la ternura y la misericordia de Dios. Así, por ejemplo:
  • En nuestro Grupo damos cabida a una realidad muy diferente de personas de edades muy distintas y también personas con ciertas limitaciones y discapacidades. Algunas de estos amigos de la calle también tienen un sitio importante entre nosotros, pues desde hace tiempo les hemos acogido y ofrecido a muchos de ellos que compartan nuestros espacios de oración, temas formativos e, incluso, muchos momentos de celebración, sintiéndose ellos una parte muy importante de nuestro grupo y de nuestras vidas, hasta el punto que a uno de ellos le gusta decir que a nuestro lado ha aprendido que “la felicidad es hacer felices a los demás”. Es muy bonito verles rezar, cantar y sonreir a nuestro lado, y perfectamente integrados en nuestra familia pavoniana.
  • Otro detalle bonito le ocurrió también al P. Gianni Vettori una mañana en la que, después de haber compartido un desayuno y un paseo con algunas de estas personas sin hogar, uno de ellos le preguntó si no le daba vergüenza que le viese la gente con ellos y el P. Gianni les contestó que “más vergüenza le daría no estar a su lado, pudiéndolo hacer”.
  • También para nosotros (religiosos pavonianos y voluntarios de la Familia Pavoniana) ha supuesto un cambio importante en nuestras vidas el tratar con frecuencia con ellos, ya que han pasado de ser personas anónimas a convertirse en amigos, por lo que nos resulta imposible pasar de largo y no pararnos a saludarles, a interesarnos por ellos y preocuparnos por cualquier cosa que pudieran necesitar, como lo haríamos con cualquiera de nuestros familiares o amigos a los que apreciamos de verdad.
  • Y es que ellos nos han enseñado que, debajo de esa ropa sucia y muchas veces maloliente, se esconden personas iguales a nosotros, con sus ilusiones, sus sueños, y también sus decepciones, que sonríen al ver una mano tendida y se sienten dichosos al sentirse acogidos, respetados y queridos.
  • Por eso no debemos tener miedo ni reparo en acercarnos a ellos. Ellos también tuvieron, en la mayoría de los casos, una vida estable y acomodada como la nuestra, pero una serie de circunstancias negativas les empujaron a una situación de desarraigo y marginalidad que a menudo les hace sentirse solos y abandonados, ya que, después de tanto sufrimiento, sólo desean recuperar su dignidad y confianza perdida.
  • Cada día Jesús, desde nuestras calles, nos repite: “Tengo hambre, tengo sed, estoy desnudo, sin hogar, sin cariño, sin esperanza..” y ante esto, nos pregunta: ¿Y tú qué haces?
  • Para nosotros, la Familia Pavoniana, es una gran alegría encontrarnos con Él, abrazarle y ofrecerle con cariño nuestra ayuda, siguiendo el ejemplo del beato Padre Ludovico Pavoni.