Cuando, por motivo de la Fiesta de la Virgen de la Inmaculada, me preguntaron que significaba, en la vida de la Familia Pavoniana, la figura de la Virgen, inmediatamente pensé en una palabra «protección».
María ha acompañado el caminar de nuestra familia, desde sus inicios hasta nuestros días.
Todos nosotros de una forma más o menos intensa, hemos sentido su presencia en cada rincón de esta casa, donde tantos recuerdos y vivencias hemos compartido juntos.
Todos sin excepción, la hemos sentido cercana, amiga y Madre, ante todo y sobre todo en la capilla, en la que tantas veces hemos entrado para rezar.
La hemos acariciado con la música de nuestras canciones, ha sido cómplice de nuestras risas, de nuestros juegos, y también de nuestras lágrimas.
Ante cualquier duda, frente a todos nuestros agobios y nuestros miedos, allí estaba ella, posando su mirada de Madre en cada uno de nosotros, y regalándonos su amor y su consuelo.
Ha sido ella la que nos ha visto crecer, la que nos ha animado a seguir luchando cuando se presentaba cualquier dificultad, y la que sonreía al vernos tan felices en alguna fiesta o celebración.
Por eso, ¿cómo no hacerla el mejor de los homenajes en la fiesta de María Inmaculada, su fiesta?
Ella fue la que removió el corazón y la mente de Ludovico Pavoni, hasta entregar su vida al servicio de los jóvenes más necesitados. Es ella la que, ahora, en nuestros días despierta nuestras ganas de seguir sembrando ilusión en el corazón de tanta gente que sufre.
¡Gracias, María, por quedarte siempre a nuestro lado!
Blanca
Familia Pavoniana de Cáceres



