“Sólo tengo este instante para vivir y ser feliz”. Con esta bonita reflexión el grupo Alborada finalizaba el campamento urbano que, como cada año, celebramos en el bonito entorno natural del que quizás sea el mejor pulmón y oxígeno de nuestra ciudad, el Parque del Príncipe. Cada día nos hemos sentado para tratar diferentes temas que nos han ayudado a aprender la importancia de dedicar un tiempo de nuestro día a día a pararnos, no sólo parar recobrar fuerzas, sino también para valorar y agradecer todo lo bueno que tenemos en nuestra vida, así como analizar nuestros errores para tratar de mejorar nuestra convivencia con los demás.
Así, por ejemplo, en uno de los primeros temas, “las estaciones del amor”, unos textos interesantes y unas bonitas canciones nos dieron algunas pistas para mantener viva la llama del amor en el matrimonio, en la familia o, incluso, en la amistad, durante todas las estaciones del año y superando con fe y alegría las dificultades del frío invierno, la rutina del otoño y los momentos bonitos de la primavera y del verano, pues de cada momento y en cada estación de nuestra vida se puede sacar siempre lo más positivo de las relaciones con los demás para ser felices y llevarnos bien.
Para ello, lo más importante es despertarnos cada mañana con el reto de ofrecer nuestro mejor rostro a los demás, mirarnos al espejo y dibujarnos nuestra mejor sonrisa, vestirnos con el mejor traje, que es el de la amabilidad y la ternura para ofrecerlas a manos llenas a los demás porque, tal como nos recordaba otra de nuestras reflexiones: “es mejor un corazón sin palabras que muchas palabras sin corazón”.

Y es que demasiado a menudo caemos en la tentación de vivir pisando el freno, en ralentí, permitiéndonos el arriesgado lujo de perder tiempo, aburrirnos y pasar los días dejándonos arrastrar por la tediosa rutina, que paraliza nuestros sueños e ilusiones y frena nuestras ganas de vivir. Sin embargo, en otro de los temas que hemos tenido la ocasión de tratar en nuestro campamento urbano nos recordaba la premura y la necesidad de aprovechar al máximo cada minuto de nuestra vida, corta y efímera, a pesar de que a veces los días nos parezcan iguales.
Pero, ¿has pensado que mañana no saliese el sol? ¿Imaginas que puedas perder de repente toda tu estabilidad material y emocional al verte un día sin trabajo o tener que despedir a tus seres más queridos? En la reflexión de este día se nos advertía: “la vida son sólo cuatro días, y tres ya los hemos vivido”, “disfruta hoy, es más tarde de lo que crees”.
Pasamos tan deprisa por la vida que no nos damos cuenta siquiera del milagro continuo de la presencia de una flor, de la caída de una hoja, del susurro del aire acariciando las hojas de los árboles. ¿Qué tiene que pasar en nuestra vida para que nos detengamos a apreciar todas las maravillas que nos rodean a diario? Y no hace falta viajar demasiado lejos, ya que a nuestro alrededor, en nuestra misma ciudad, sin salir siquiera del barrio, si decidimos estar atentos y abrir bien los ojos, encontraremos cada día numerosos milagros y detalles que llenarán nuestro corazón de alegría y agradecimiento.
Pero, para que nosotros y los demás podamos disfrutar de cada uno de estos regalos que la vida y la tierra nos regalan, debemos adquirir también el compromiso de cuidar nuestra ciudad, la naturaleza que nos acoge y la buena convivencia con los que nos rodean, tal como aprendimos con las pistas y estrategias que nos ofrecían los temas: “SÍ a la vida” y la ecología. Sería bonito dejar a nuestro paso el mundo un poco mejor de lo que nos lo encontramos para que los que vengan detrás puedan seguir disfrutando de una tierra limpia, hermosa y amable. Quizás deberíamos quejarnos mucho menos y aprender a vivir más y mejor con lo que tenemos, sin agobiarnos tanto por lo que nos pueda faltar, “con menos exigencias y más preferencias”.
Un buen amigo me ha invitado a pensar siempre de esta manera: “no tengo todo lo que quiero, pero cada día doy gracias por todo lo que tengo” y realmente, si nos paramos a pensar en todo lo que tenemos en nuestra vida, a pesar de los problemas y dificultades, la balanza siempre se inclina a favor del agradecimiento por las muchas cosas y personas de las que podemos disfrutar a cada momento, si sabemos estar atentos.
Ojalá pudiésemos robar un poco más de tiempo a la vida… son tantos minutos, horas, días y hasta años los que hemos perdido agobiados, tristes, enfadados o preocupados por cosas que, muchas veces, después quizás ni siquiera han llegado a ocurrir.

Una vez finalizado nuestro campamento urbano sólo dos breves palabras me vienen a la cabeza de manera inmediata: “PERDÓN”, por tantas veces que caminamos por la vida distraídos, agobiados y como ausentes, sin darnos cuenta de los miles de regalos que Dios nos concede cada día a modo de bendiciones. La otra palabra es “GRACIAS” por tener cada día una nueva oportunidad para reconciliarnos con la vida, con nosotros y con los demás.
Que nunca lo olvidemos: “¡Sólo tengo este instante para vivir y ser feliz!, es evidente que no hay tiempo para perder tiempo”
Blanca Murillo
Familia Pavoniana (Cáceres)



