A diario nos sentimos “bombardeados” por múltiples anuncios publicitarios, y nos dejamos convencer por numerosas campañas comerciales rodeadas de un gran marketing, por el que nos sentimos continuamente atraídos.

Sin embargo, en estos días recientes de Semana Santa, la publicidad era diferente: quien más y quien menos, desde sus lugares de descanso, hemos podido observar frecuentes imágenes inertes de madera o escayola, que representaban a un Cristo clavado en la cruz, o con sus discípulos en la Última Cena o con su Madre detrás llorando y rezando por Él.

Estas imágenes, si sabemos contemplarlas con una mirada de fe, nos ayudan a vivir esta experiencia como auténticos momentos de gracia, de renovación y de compromisos bautismales, una experiencia en la que notamos “el paso” del Señor por nuestras vidas.

En la Familia Pavoniana de Cáceres diversos momentos nos han enseñado que merece la pena dedicar más tiempo a la oración y a la contemplación, para que nuestra fe sea la luz y la fuerza que sujete bien nuestra vida frente a cualquier dificultad.

El Vía Crucis que realizamos el primer día de madrugada hacia el Santuario de la Montaña nos ayudó a entender la razón de tanto sufrimiento por el que tuvo que pasar Jesús horas antes de morir, al haberse entregado por amor a todos nosotros y para que tuviésemos siempre un motivo de esperanza cada vez que nos encontremos mal.

La Cena Pascual que compartimos todos juntos en comunidad nos sirvió para hacer más fuerte los lazos de nuestra fe y amistad y compartir la misma alegría que ya vivió Jesús con sus discípulos.

También la participación en las celebraciones de los oficios con las religiosas de clausura del convento de San Pablo de nuestra ciudad nos han permitido acompañar con nuestra presencia y nuestra música a las hermanas y al resto de personas que allí se habían reunido para compartir la fe, y han sido momentos muy bonitos y entrañables en los que nos hemos sentido todos una pequeña familia unida por la acogida y la alegría.

Y, por último, la convivencia que disfrutamos algunos amigos del grupo Alborada en nuestra casa pavoniana nos sirvió para hacer un alto en el camino en medio de nuestras ocupaciones y preocupaciones y recargar pilas para afrontar mejor nuestra vuelta a la rutina diaria.

Para ello, elaboramos un decálogo que, sin duda, leído con atención cada día, podría llegar a convertirse en nuestro “mejor programa de vida”:

  1. En la medida que yo me llene de la gracia de Dios, serviré mejor a mis hermanos.
  2. Si Jesús murió por nosotros, también nosotros deberíamos hacer algo por Él, pues de lo contrario, su muerte habría sido un fracaso….¡se lo debemos!
  3. La fe no se puede pasar por la razón, pero también es cierto que habría que poner un poco más de corazón.
  4. Debemos acercarnos a cada persona que sufre con la misma mirada de Jesús, reconociendo su presencia camuflada en nuestros hermanos más débiles.
  5. Dios no te pide salvar el mundo entero, pero sí cuidar y proteger a los que tienes más cerca a tu lado, ya que, lo que no hagas tú en tu propio ambiente…¿quién más lo podrá hacer?
  6. De nosotros depende vivir una fe auténtica y apasionada, que contagie alegría, coherencia y ganas de vivir.
  7. Desde su Resurrección, Dios se ha quedado con nosotros y ya no hay por qué tener miedo.
  8. Si tenemos fe, a pesar de las dificultades, vamos seguros por la vida.
  9. Si me dejo ayudar por Dios, no caeré en la tentación del desánimo, el abatimiento y la falta de ilusión y podré contagiar alegría y esperanza a los demás.
  10. La Pascua es creer en la luz, en la vida y en un futuro mejor, cuando es de noche y la oscuridad deja paso a las lágrimas y a la tristeza.

Tú ya lo hiciste, Jesús, y nos pides que ahora seamos nosotros los que continuemos tu labor, ofreciendo a todos un amor desinteresado, sin medidas ni limitaciones, sin prejuicios ni perezas, cada uno en su ambiente, entre su gente, construyendo entre todos el mundo que Tú, Jesús, soñaste para todos.

Blanca Murillo
Familia Pavoniana de Cáceres