Mantener siempre atentos los oídos al grito de dolor de los demás
y escuchar su llamada de socorro es solidaridad.
Mantener la mirada siempre alerta y los ojos tendidos sobre el mar
en busca de algún náufrago en peligro es solidaridad.
Sentir como algo propio el sufrimiento del hermano y
hacer propia la angustia de los pobres es solidaridad.
Llegar a ser la voz de los humildes, descubrir la injusticia y la maldad,
denunciar al injusto y al malvado es solidaridad.
Dejarse transportar por un mensaje cargado de esperanza, amor y paz,
hasta apretar la mano del hermano es solidaridad.
Arriesgar en amor hasta la vida es la prueba mayor de amistad,
es vivir y morir con Jesucristo, es SOLIDARIDAD.

Texto de L. Proaño
Familia Pavoniana de Cáceres