Todos aquellos que no estéis de acuerdo con «finiquitar la vida de Jesús en un madero; todos aquellos que penséis que, después del Calvario, comienza una nueva vida, ¡la Vida!…
- Desterrad de vuestras vidas «los malos humos». ¡Cristo ha resucitado! A partir de ahora, la sonrisa auténtica y la alegría verdadera serán la gran señal que nos indique que Jesús ya no está en el sepulcro, que Cristo ha vencido la muerte.
- Abandonad los harapos del hombre viejo, revestid de gala vuestros corazones. La moda de los resucitados en Cristo se tiene que notar por fuera sobre todo, por dentro.
- Reconoced a Jesús vivo, caminando a vuestro lado. Camino del trabajo o de la parroquia, del súper o del bar, Jesús se hace presente en cada uno de sus hijos, vuestros hermanos, en Él pone cada día en vuestro camino.
- Tocad sus llagas y comprobad que Aquel que murió por nosotros en una cruz, Aquel por el que nadie «daba un duro», ha vuelto, y esta vez, para quedarse para siempre a nuestro lado. Meted vuestros dedos y vuestros corazones en las llagas del dolor, de la enfermedad, del fracaso, del desempleo, de la intolerancia… en definitiva, en las llagas del Resucitado.
- Id corriendo a comunicar a todo el mundo que Jesús ha resucitado. Al conductor del autobús o a la cajera del supermercado, al jardinero del parque o al policía de barrio… Y si no os creen, partid y compartid vuestro tiempo, vuestros talentos, los dones que Dios os ha entregado, con cada uno de ellos… Os aseguro que es infalible.
¡Entre todos podemos despertar al Resucitado que llevamos dentro! ¡Y podemos crear un mundo donde la alegría de sentirnos vivos y amados por Cristo embriague nuestros corazones y alumbre el camino de tantas personas que sigan estancadas a los pies de la cruz!
¿A qué esperáis?
José María Escudero
Pavonianos España



