2º Domingo Cuaresma «Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de la montaña, para orar.» (Lc. 9, 28)
El talento más grande que Dios me ha dado es la capacidad de rezar.
En medio del triunfo y la desesperación, del amor y el sufrimiento, los aplausos y los desprecios, siempre encenderé en mi corazón la lámpara de la plegaria. Ésta me guiará a través de las brumas de la duda, la oscuridad de la ineficacia, el estrecho camino sembrado de espinas de la enfermedad y el dolor, y las traicioneras trampas de la tentación.
Mientras se pueda rezar, siempre habrá valentía y esperanza. La plegaria matutina es la llave que me abrirá los tesoros de las bendiciones de Dios y la nocturna me colocará bajo su protección.
«La oración ha salvado mi vida.» (Ghandi)
Familia Pavoniana de Cáceres



