Jesús, hoy hemos asistido a una boda,
donde dos amigos tuyos, llenos de alegría,
celebraban el amor y la unión de sus vidas.
María supo adelantarse a la falta de vino,
y Tú hiciste el primer milagro,
un signo de que Tú eres el Hijo de Dios, nuestro Salvador.
Tú, Jesús, estás siempre dispuesto a hacernos felices,
a compartir nuestras necesidades,
pero quieres que pongamos algo de nuestra parte.
Sabemos que Tú harás lo que falte,
echarás el resto y nos llenarás de plenitud y alegría.



