Dieciséis de octubre de dos mil dieciséis, unos de los días más importantes en la vida de nuestra congregación. Esa mañana en la plaza de S. Pedro de Roma, canonizarían al P. Ludovico Pavoni junto con otros seis beatos más. Nos reunimos en la ciudad eterna pavonianos de todo el mundo, tanto religiosos como laicos. Algunos acababan de conocer a Pavoni, otros lo llevamos en nuestro corazón desde hace ya tiempo. Todos compartíamos la ilusión y las ganar de vivir ese día intensamente, como así sucedió.
Unos días antes conocimos a más pavonianos españoles, colombianos, brasileños, mejicanos e italianos. Culturas diferentes con un lazo de unión en común: la fe en Dios y en nuestro fundador. Con ellos convivimos los días que estuvimos en la ciudad de Roma, especialmente con nuestros hermanos de las comunidades de Colombia, con los que hicimos una gran amistad. Con ellos vivimos intensamente la ceremonia de canonización, donde se mezclaban momentos de exaltación de alegría y momentos de oración. Las bufandas amarillas de «Pavoni Santo» extendidas, la pancarta de «Pavonianos Cáceres-España» en lo alto, banderas de España y de Colombia; todo muy emocionante llenos de momentos de felicidad, especialmente al oír al Papa Francisco decir “Ludovico Pavoni santus est”. En ese momento los nervios estaban presentes en nuestros cuerpos, ellos nos quitaron el habla, pero no nuestro amor hacia un hombre que lo dejó todo para ayudar a los más necesitados especialmente los más jóvenes.
Al día siguiente en la misa de acción de gracias, ya menos nerviosos, fue cuando, en realidad, nos dimos cuenta de lo que significaba la canonización, gracias a los testimonios del P. Ricardo y de un pavoniano portugués. Sus palabras hicieron que más de uno se nos saltará las lágrimas.
Durante estos días, nuestros amigos colombianos nos recordaron los grandes valores de las personas sencillas y humildes, con un gran corazón y una gran fe en Dios y Pavoni. Ellos nos demostraron como ser felices y disfrutar de la vida.
Somos una generación afortunada, pues hemos podido disfrutar de la beatificación y la canonización de nuestro fundador, ya sea, desde Roma o desde la distancia. El sentimiento de amor hacia los más necesitados no tiene fronteras. Gracias a Dios y a San Ludovico Pavoni por este gran regalo.
Matías y Jennifer
Familia Pavoniana de Cáceres




