Seños Jesús, nos has dejado en buenas manos.
Las manos de quienes han acompañado
y acompañan nuestro camino,
las manos que tantas veces nos han empujado hacia delante.
Hoy queremos darte las gracias por las manos de tus amigos,
hombres y mujeres de ayer y de hoy.
Esos que han seguido tus huellas,
y han unido sus manos a las tuyas.
Seños Jesús, queremos recordar tantas manos buenas
que acariciaron, cuidaron, acogieron y brindaron cercanía,
hasta ser clavadas como las tuyas, en la cruz.
Manos al servicio, en el arado,
en los pequeños encargos y en las grandes empresas.
Manos abiertas a los pobres y a los enfermos.
Manos tendidas a los jóvenes y a los niños.
Gracias por las manos que me llevan a tus manos,
esas que nos muestran el camino,
que construyen la verdadera humanidad, tu familia,
en la que cabemos todos tus hijos, mis hermanos.
Y hoy de manera especial queremos darte gracias
por las manos de Ludovico Pavoni.
Manos de padre, manos tendidas a los jóvenes y a los necesitados.
Que sigan siendo un estímulo para reconocerte
y servirte en los más desamparados.
Amén



