En estos días de frio invierno en los que tantas personas se acercan a las diferentes Iglesias o instituciones públicas de la ciudad a visitar exposiciones de Belenes con motivo de las fiestas navideñas, yo me he cruzado con otros portales, con sus figuras vivientes y la misma humildad, pobreza y sencillez que el de la primera vez.
Sólo hay que esperar a que caiga un poco el día y podrás encontrarlos en cualquier cajero o banco de nuestra ciudad. Los protagonistas de estos particulares Belenes vivientes son las personas sin hogar, estrellas rotas que por duras circunstancias de la vida, han ido perdiendo poco a poco su brillo y esplendor, pero no así su dignidad como personas. Para ellos la Navidad no supone un tiempo especial, son tan sólo unos días en los que la nostalgia y la melancolía por todo lo que han ido perdiendo les araña aún con más fuerza.
Algunos de ellos, sin embargo, han podido disfrutar en estas fiestas navideñas de un rato de ilusión y alegría en el Centro Hogar Ludovico Pavoni, un espacio en el que la Familia Pavoniana de Cáceres comparte con estos amigos de la calle, no sólo un café y unos dulces tres veces por semana, sino sobre todo amistad y cariño.

Entre las actuaciones de Navidad que hemos tenido en estos días, quizás una de las más especiales para todos nosotros ha sido la fiesta que compartimos con ellos en este espacio, en el que se mezclaron los dulces y refrescos con muchas canciones y risas y confidencias. Uno de los momentos más emotivos fue cuando los niños de nuestro grupo, como pequeños Reyes Magos, fueron entregándoles a cada uno de estos amigos de la calle un pequeño regalo acompañado de un beso y un abrazo. Era realmente emotivo comprobar la emoción que reflejaban sus rostros y la sonrisa con que lo recibían y fue hermoso ver cómo aplaudían emocionados con la actuación que les habían preparado estos pequeños y cómo reían y cantaban con los villancicos compartidos.

Quizás fueron sólo un par de horas, pero su recuerdo permanecerá seguro en sus memorias por mucho tiempo.
Pero no fue ese el único momento en los que estos amigos de la calle han podido olvidarse de sus problemas y encontrar un poco de alivio en su cansado camino. Como decíamos al principio, la esperanza y la amistad no han cerrado por Navidad y durante tres días a la semana, ellos han encontrado en este espacio abierto un lugar para compartir confidencias, preocupaciones, pero también alegría y descanso. El mejor regalo es que entren al Centro agobiados y preocupados, y tras un buen rato de compañía y amistad, puedan salir con un poco de esperanza para sus vidas y una gran sonrisa de recuerdo.

Como dijo Madre Teresa: “una gota no hace el océano, pero el océano sería menos sin esa gota”. Así también podemos decir: ¿Qué importa que a menudo acudan pocas personas a este Centro?, pues para esas pocas personas son recuerdos que permanecerán por mucho tiempo en su mente y en su corazón.
Así lo expresaba uno de estos amigos de la calle cuando, al invitarle a que guardase en su mente y en su corazón los momentos bonitos de cada día, para poder recordarlo en un futuro, él dijo que “estos 61 minutos en los que había estado en el Centro no los iba a olvidar jamás”, pues allí encontraba un espacio de paz dentro de tanta oscuridad en su vida, manifestando con una gran sonrisa todo su agradecimiento, valorando la compañía y el rato de amistad como el mejor regalo.
Blanca Murillo
Familia Pavoniana de Cáceres



