Brazos Abiertos y Cielo

¿Qué decir de tus Palabras, Jesús, si estoy sorde a ellas?

¿Qué decir de tus misterios, si no me lo creo?

¿Qué decir de tu Evangelio, si no me molesto en abrirlo?

¿Qué decir de tu historia, cuando prefiero cualquier otra novela?

¿Qué decir de tus caminos, cuando elijo senderos equivocados?

¿Qué decir de tus enseñanzas, cuando escucho otros mensajes?

¿Qué decir de tus miradas, cuando miro hacia otro lado?

Ayúdame o no perderme en medio del mundo,

a ponerte en el centro de mi vida,

a buscarte, aunque algunos se empeñen en despistarme,

a rezarte, aunque me cueste centrarme en la oración, 

a conocerte aunque me resulte difícil.

Ayúdame a gritar a los cuatro vientos: 

¡TU ERES EL SEÑOR!

Y, entonces, significará una cosa: 

que te he encontrado y me siento feliz.

Familia Pavoniana de Cáceres